SUEÑA Serenata Guaireña




Las serenatas -aunque cada vez más esporádicamente-, forman parte de las tradiciones de nuestro pueblo. Su rito inicial ineludible consta de dos movimientos: tres canciones interpretadas en la puerta o en la ventana de la amada (o candidata a serlo) y el rostro sonriente-aunque con huellas de sueño en los ojos-, de la destinataria del canto de los que rompen el silencio de la alta noche.

Con ese gesto se ratifica un amor ya encendido y corroborado en besos. O se expresa el afecto de quien encuentra en la música la delicada manera de expresar un sentimiento que espera sea correspondido. No pocas veces, la serenata es también una manera de cerrar heridas: el canto es un bálsamo que restaura los tejidos del cariño deteriorados por alguna desavenencia momentánea.

Desde antaño, en Villarrica las serenatas gozaban de un prestigio envidiable. Acorde a su fama de cuna de poetas, los versos no faltaban a orillas de las rejas de las madrugadas estrelladas en que la luna era testigo de la cabalgata acelerada de un corazón enamorado. La memoria colectiva popular guarda hasta hoy el registro de una serenata en la que MANUEL ORTIZ GUERRERO hizo escuchar por primera vez las estrofas de NE RENDÁPE AJU en la ventana de ILUMINADA ARIAS.

Pues bien: en esa tierra de artistas había anclado el adolescente STILVER CARDOZO, proveniente de Caaguazú-donde había nacido el 7 de febrero de 1935-, con deseos de conquistar la mitad del mundo. Y si fuere posible, la otra mitad también.

Quien luego haría de la palabra su oficio fundamental trabajando como locutor en radioemisoras de nuestro país y cuidando que la luz no se extinga de los ojos de sus semejantes a través de su ciencia de oftalmólogo, tenía entonces 14 años y cursaba el segundo año de la Secundaria en el Colegio Nacional de la capital del Guairá. Aunque siempre atento al cumplimiento de su deber de estudiante, estaba descubriendo que la música paraguaya era una de las pasiones cuya llama le iban a consumir el resto de sus años. Incentivando esa inclinación de su espíritu, no era ajeno a la emoción de las serenatas guaireñas post-revolución de 1947. RIGOBERTO ARÉVALO -que adquirió bien ganado renombre en la capital con el TRÍO LOS BEMOLES primero y con su TRÍO DE SIEMPRE después, hasta hoy-, con voz inconfundible y RUBÉN -más conocido por su apodo de PAPÍN-ZAPUTOVICH con su acordeón, eran los serenateros de los barrios villarriqueños.

Stilver y sus amigos se percataron de que el repertorio, si bien acompañaba lo que ellos querían decir cantando, no les pertenecía. "Jahekána ñane mba'e teéva japurahéi haguã (busquemos algo que nos pertenezca para cantar)", manifestaban.

"Fue así como alrededor de 1950 escribí unos sencillos versos destinados a cantar en las ventanas. No tuvo una destinataria concreta: estaba dirigida a todas. Mi amigo Papín le puso la música. Cuando estuvo terminada la melodía estrenamos nuestra obra ante la ventana de la novia de Papín y yo le llevé después a una amiga de entonces. Tuvo suerte, se grabó y hasta hoy se canta en las serenatas en Villarrica. La orquesta del maestro GRACIANO PEREIRA la tuvo en su repertorio durante muchos años.

Después Cardozo ganó, en 1950, un concurso para ser locutor de Radio Guairá. Trabajó con OSCAR TITO CASARTELLI. En Asunción, en 1954, ingresó a la Facultad de Medicina. Se hizo cirujano y ejerció su saber como médico rural en Caaguazú. Luego cambió la cirugía por la oftalmología que estudió tres años en Belho Horizonte, Brasil. Aprendió más en París y regresó al Paraguay donde hasta hoy alterna el consultorio con el estudio de radio. RODOLFO SCHAERER PERALTA, ELPIDIO ALCARAZ SEGOVIA y ÁNGEL ANTONIO GINI JARA conducía el Cardinal Folklórico y Domingos folklóricos-ambos en Radio Cardinal AM-para seguir siendo fiel al itinerario del verbo que escogió.

 

SUEÑA

Sueña niña de mi vida,

dueña de mi alma, de mi corazón;

sueña que en tu leve sueño

sientas las caricias de esta mi canción.

Sueña que esta madrugada

será de alborada de nuestro querer

sueña, sueña amada mía

sueña dulcemente, con suave ternura

en mi gran amor.

 

Letra: Stilver Cardozo

Música: Silvio Rubén (Papín) Zaputovich              


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