CURUSU BARTOLO
Durante el gobierno del doctor Gaspar Rodríguez de Francia vivía en
Villarrica del Espíritu Santo el padre Bartolo, o Pa'i Bartolo como se lo
conocía.
El religioso, preocupado porque veía que la gente iba perdiendo las
buenas costumbres, los exhortaba a que fueran virtuosos, recomendándoles las
faenas de la tierra y de los telares de lienzo. De a poco, y gracias a la
prédica del Pa'i Bartolo, la zona se convirtió en granero y región industrial
de la República.
Pa'i Bartolo viene de los campos sembrados. Ha estado hablando con
los campesinos pero antes visitó a dos familias que se dedican al trabajo del
tejido. Ahora está en el altar sudoroso pero feliz de haber llegado a tiempo
para cumplir con su obligación. Las lecturas las hace el sacristán y Pa'i
Bartolo se reserva el sermón. Habla Pa'i Bartolo del escaso interés que en la
población despierta la palabra de Dios. Hace responsable de ello al gobierno,
que difunde el materialismo y se olvida del alma de las gentes. Habla con
pasión y devoción, convencido de que sus palabras transmiten la verdad.
Así es Pa'i Bartolo, un hombre apasionado. No son buenos tiempos
para la iglesia en Paraguay, y por eso mismo hay que andar el doble, dice Pa'i
Bartolo.
Algunos campesinos reconocen que el entusiasmo de Pa'i Bartolo es
capaz de hacer brotar los almácigos más rápidamente. Las plantas crecen más
rápido cuando cruza por las quintas con su paso inquieto. Los tejidos parecen
avanzar el doble cuando él habla con quienes operan los telares.
Claro, esa inquietud, ese dinamismo, ese aceleramiento tienen un
precio. Más de una vez lo ha visto el sacristán sofocado y ahogado en sus
preocupaciones, pero rechaza cualquier tipo de ayuda. No más que un vaso de
agua que a veces era insuficiente para salir del trance en que sus propios
nervios le encerraban.
No se sabe bien cuando, pero Pa'i Bartolo un día olvidó el camino de
la iglesia y un campesino tuvo que acercarlo... Otro día se le encontró
divagando por el campo. Pa'i Bartolo empezó a hablar solo por las calles. La
gente primero pensó que era producto de su natural forma de ser, pero cuando
comenzó a pasar frente a sus conocidos sin dirigirles la palabra se dieron
cuenta de que alguna grave enfermedad le estaba aquejando.
Los familiares de Pa'i Bartolo entonces decidieron hablar con el
sacristán el cual confirmó sus temores. Decidieron llevarlo a su chacra y
cuidarlo de que no salga pues todas las cosas se tornaban peligrosas ante el
comportamiento que por su enfermedad demostraba.
Pero cierto día de tormenta, el cura logró escaparse, marchándose a
Rosado, un lugar cercano de la comarca. Para llegar allí, tenía que vadear un
arroyo, cuyas aguas en ese momento estaban crecidas y furiosas por la tormenta.
El Pa'i Bartolo, al intentar cruzarlo, murió arrastrado por la corriente. Los
lugareños le dieron sepultura junto a aquel arroyo y señalaron el sitio con una
cruz.
La cruz fue ganando fama de milagrosa y parece que escuchaba
particularmente los ruegos de los campesinos que llegaban a pedirle que les
enviara la lluvia. Tiempo después la cruz fue retirada y llevada a un oratorio
que a efecto de adoración le había construido don Hilario Meaurio en su
domicilio. Aún hoy se le adora cerca de allí y cada 3 de mayo, día de la cruz,
se acostumbra a hacer el sabroso Chipa Kurusu. Cuando los campesinos acuden a
ella ansiosos de lluvia para sus sembrados es infalible. El noveno día de la
novena, según cuentan, la lluvia siempre llega.
Lo curioso es que cada tarde, entre cánticos y sones de tambores
suelen llevar la cruz en procesión para darle un baño en aquel arroyo donde
Pa'i Bartolo encontrara la muerte.

Comentarios
Publicar un comentario